Lo de vivir en el campo está muy bien, pero ¿qué pasa con el trabajo? (Parte 3)

Esta nueva entrada de la serie quiero hablar de una pareja de youtubers que han seguido una estrategia basada en internet para crear su negocio de la nada y a la vez poder llevar el estilo de vida que han elegido. De una forma muy resumida, lo que han hecho es:

  • Dejar sus respectivos trabajos para centrarse en su proyecto.
  • Crear unos libros de recetas veganas, nada nuevo.
  • Utilizar sus canales de Youtube para conseguir una comunidad y aumentar las ventas.
  • Reinvertir las ganancias en seguir generando contenido

Con el dinero que han ido consiguiendo de la venta de libros han comprado un enorme terreno en pleno desierto de Arizona, han construído ellos mismo una “tiny house“, han instalado un espectacular sistema de captación de agua de lluvia para ese duro clima, han hecho una instalación fotovoltáica y poco a poco van convirtiendo su trozo de desierto en un sitio habitable. Todo esto vendiendo cuatro libros de recetas veganas… no está mal.

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Lo de vivir en el campo está muy bien, pero ¿qué pasa con el trabajo? (Parte 2)

Como ya contaba en el anterior post, las posibilidades de ganarse la vida viviendo fuera de las grandes ciudades han crecido gracias Internet. El marketing se ha hecho accesible para todo el mundo y con poca o nula inversión se pueden lanzar proyectos sin miedo a arruinarse en el intento.

Hace tiempo que sigo algunos canales de Youtube de gente que utiliza este medio para crear una comunidad de seguidores, interesados en los contenidos gratuitos que en él ofrecen. Tener alcance directo a este público, que pueden llegar a ser varios miles les permite ofrecer servicios o productos de pago y contar con una masa mínima de compradores. Directamente les resuelve el principal problema que hay que salvar para vender algo en internet: darlo a conocer. Vamos a ver algunos casos de éxito.

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Lo de vivir en el campo está muy bien, pero ¿qué pasa con el trabajo? (Parte 1)

Por lo que voy leyendo, esto de irse a vivir al campo desde la ciudad es algo cíclico. Cuando las condiciones de trabajo empeoran en las ciudades mucha gente se da cuenta de que no quieren estar en esa lucha y prefieren buscar un modo de vida más austero pero más estable. En los pueblos la vivienda es más asequible, incluso a veces hay disponible alguna casa familiar o se pueden encontrar alquileres casi simbólicos y viviendas a precios que parecen de risa a ojos del urbanita hipotecado.  Si quitamos del gasto mensual la hipoteca o alquiler a precios de ciudad, la economía familiar se ve tremendamente aliviada. Pero claro, si el problema de la vivienda fuera tan sencillo de solucionar como mudarse a un pueblo todo el mundo lo haría. El puesto de trabajo presencial nos tiene atados a las ciudades. Cuantos más somos en las ciudades por culpa de nuestro trabajo, más se concentra el trabajo en ellas. Efecto bola de nieve.

Estas oleadas periódicas de gente que se va de la ciudad no terminan de cuajar. Ganarte la vida en el campo “con el campo” no es factible a la manera de antes. De nada sirve cultivar la tierra si no tienes a quién venderle las lechugas o si las tienes que regalar a intermediarios que las lleven a las ciudades. Además los urbanitas por lo general no tenemos ni idea de cómo cultivar una lechuga, porque algo tan básico como ser capaz de cubrir ciertas necesidades básicas por tu cuenta es algo que no se enseña en los colegios. Por eso solían fracasar estas “modas”. Gente sin experiencia pero altas expectativas, se mudaban a zonas remotas donde los lugareños les encasquetaban terrenos baldíos por encima del precio real.
Pero las cosas están cambiando.

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