Historia de nuestra casa de paja (en construcción…)

Hace tres años nos lanzamos a lo loco a comprar una parcela. No fue ni de lejos una decisión reflexionada. No teníamos ahorros. No buscamos otras parcelas ni comparamos precios. No elegimos la ubicación por ningún criterio. Simplemente nos pudo la ilusión de tener un trozo de tierra donde poder estar a nuestro aire, donde poder tener sueltos a nuestros perros. Nos daban facilidades para pagar y nos gustó el sitio. Y ya está.

Esto podría parecer una mala decisión o qué tal vez lo podríamos haber hecho mejor. Pues seguramente, pero esta decisión sin meditar ha traído consecuencias que nunca habríamos alcanzado de haberlo planeado mejor. Si nos lo hubiéramos pensado dos veces seguramente nunca habríamos llegado a comprar nada.

La primera consecuencia para mí fue que, al tener terreno, empecé a interesarme por cosas como el cultivo de una huerta, la bio-construcción, las fuentes de energía renovables, el compostaje, el cuidado del suelo, recolección de agua, etc. Cosas que viviendo en un piso pequeño en Madrid, no te puedes plantear (o si, pero eso es otro tema).

Lo primero fue pensar en qué posibilidades teníamos para construir una casa. Si no teníamos dinero ahorrado para pagar una parcela, ya era totalmente impensable haberla comprado con la casa ya construida. Al final tal vez habría salido más barato y más sencillo comprarla ya construía pero nos daba vértigo pensar en pedir prestado tanto dinero. En cambio comprar primero la parcela era más alcanzable y ya con el tiempo veríamos si podíamos construir, pero al menos no endeudarnos mucho de golpe.

Estudiando las diferentes opciones  vimos que la construcción  de una vivienda tradicional se disparaba de precio. No necesitábamos un chalet y resulta complicado mantener el precio asequible cuando necesitas un proyecto de arquitectura visado para cualquier tipo de vivienda, sea grande o pequeña. Empezamos a mirar alernativas en sistemas prefabricados, pero casi todo lo que veíamos daba sensación de ser poco saludable, en el sentido de que los materiales de construcción incluían demasiado metal, chapa, aislantes sintéticos, plásticos o módulos prefabricados de cemento.

Fuente: http://modulow.wixsite.com/modulow

Todo esto dentro de los precios que nos estábamos planteando. Lógicamente con más dinero había opciones más interesantes pero estaba fuera de nuestro alcance.

Otra opción que nos gustó más y que de hecho estuvimos a punto de decidirnos por ellas, son las de madera machihembrada, sistema en el cual se ofrecen “casas” de dimensiones más que aceptables y a muy bajo coste, aunque consultando con personas que las habían adquirido, nos quedó claro que no eran más que casetas de jardín grandes, y que carecían totalmente de aislamiento. Además, para el clima en el que nos encontramos nosotros (veranos muy calurosos y secos e inviernos muy fríos) la madera se agrietaba en poco tiempo ya que ésta necesita mantener cierta humedad. Igual que en caso anterior, con una mayor inversión hay opciones que parecen de mayor calidad.

Fuente: https://www.grupotene.com/

Bien, lo que cada vez teníamos más claro era que los materiales con los que tenía que estar hecha la casa debían ser lo más naturales posibles por su confort y su bajo impacto energético, estético y ecológico,  y que el aislamiento era un factor clave en la comodidad de la casa. En verano superamos los 40º y en invierno tenemos noches por debajo de -10º. Y si además el precio debía ser lo más ajustado posible, la opción acabó siendo clara: bioconstrucción con balas de paja, a ser posible, autoconstruida.

Una vez que tuvimos claro el tipo de casa, decidimos apuntarnos a un curso de construcción con esta “tecnología” para ver si seríamos capaces de realizar la obra nosotros mismos. Hicimos el curso de construcción con paja y madera que imparte Mónica Cebada en Ávila (https://monicabioconstruccion.wordpress.com/) y nos encantó. En pocos días pudimos poner en práctica los diferentes trabajos que son necesarios para realizar este tipo de vivienda. Si bien creo que es imprescindible complementar este tipo de cursos con prácticas como voluntario en obras reales.

Y en este punto nos encontrábamos en la siguiente situación: teníamos terreno, teníamos decidido el tipo de construcción que además cumplía nuestros requisitos teníamos ganas… pero nos faltaba tiempo para dedicarle a la obra. Pudimos hablar con la propietaria de un alojamiento rural autoconstruido con paja en Teruel (http://www.maslallum.es)  y nos dieron un consejo claro: para hacer una casa hay que tener dedicación absoluta. Hay que dejar el trabajo y dedicar te 100% a la obra. Es lo que hicieron ellos y aún así les llevó dos años terminarla. Cierto es, que su casa es enorme (150 m2 si no recuerdo mal), pero incluso para una pequeña, su construcción se puede eternizar si sólo avanzas los fines de semana.

Como estábamos todavía pagando la parcela y estamos hipotecados con el piso de Madrid en el que vivíamos, no había posibilidad de dejar el trabajo en ese momento y además, la única experiencia que teníamos era el breve curso que dimos con Mónica. Así que decidimos pedir presupuestos para que se encargara de todo una empresa.

Estábamos en contacto con un aparejador especializado en bioconstrucción y autoconstrucción, Daniel Barrio (https://minka.es/) y nos preparó un diseño básico de la casa que queríamos, analizando los costes según los precios de varios proveedores de construcción con paja. Nos decidimos por el que más se ajustaba en precio y actualmente estamos en pleno proceso de edificación. Contentos aunque en el fondo me arrepiento de no haberme podido implicar más en la obra y aprovechar esta oportunidad única de aprender construyendo mi propia casa… Después de dos años leyendo y dándole vueltas a todos los sistemas  constructivos, estoy seguro de que habría disfrutado el proceso, aún con los problemas que fueran surgiendo y que, de todas formas, también pueden salir cuando contratas a otros para hacer el trabajo.

Pero bueno, el caso es que la obra va por buen camino y creo que va a quedar muy  bien. Os dejo unas fotos de cómo está principios de noviembre del 2017.

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